¿Me perfumo o no me perfumo? Esa es la cuestión…
🤔 Quizás esa costumbre de reservar lo más preciado venga de lo que nos inculcaron de chicos. Que no usemos la “ropa de salir” para que no se estropee. Que guardemos el pan dulce y el vitel toné para las fiestas. ¿Alguien los come fuera de diciembre? 👀
Y así, sin darnos cuenta, vamos guardando nuestros tesoros, esperando “el momento”. Y muchas veces… ese momento nunca llega.
¿Por qué guardamos lo que más nos gusta?
Yo misma me vi haciendo eso. Guardando ropa que amaba para “una ocasión especial” que nunca apareció. Y cuando me acordé… ya no me gustaba más, o no me entraba (¡una bronca!).
Lo mismo con los perfumes importados. Son tan caros que a veces los usamos solo en eventos importantes. ¿Y mientras tanto? Ahí quedan: en la repisa, cada vez más amarillos, con el líquido concentrado… y sin disfrutarlos.
Soy consciente, pero también quiero disfrutar
🌎❤ Obvio que no se trata de derrochar. Hay que cuidar. Pero de ahí a no usarlo… hay un abismo.
Y eso pasa mucho con los perfumes. Hay gente que tiene frascos guardados hace décadas (sí, ¡décadas!). Mi hermana, sin ir más lejos, tiene perfumes desde hace 30 años 😅. Y ni hablar de lo que pasa cuando el frasco está por terminarse: lo escondemos. Lo dejamos “por las dudas”. Y así lo tenemos, pero no lo usamos.
Entonces… ¿me perfumo o no me perfumo?
Este click lo hice mucho antes de arrancar con María G Perfumes. Pasaron cosas personales (ya las voy a contar en algún momento) que me hicieron cambiar la perspectiva del aquí y ahora.
Empecé un diálogo interno complejo. Me lo imagino como un ángel y un demonio en cada hombro, tirando dardos con mis propios argumentos:
- “¿Para qué lo vas a usar hoy, si vas a estar todo el día en casa?”
- “¡Porque me encanta perfumarme!”
- “Pero si lo usás así, se va a terminar en tres días…”
- “¿Y qué? Si lo disfruto, ya valió la pena.”
- “¿Perfume para dormir? ¿En serio?”
- “Siiii, ese ratito antes de dormir lo disfruto un montón.”
Y así, entre sprayasos y reflexiones, me terminé todos los perfumes importados. No me quedó ni un mililitro. Y como no tenía mucha plata, empecé con los nacionales. Que siempre digo que suelen ser muy fieles a los originales, pero no duran nada en piel. Y esa, justamente, es la propuesta de valor de mis dupes: que además de oler igual… ¡duran un montón! 💣
Hoy no me guardo nada
Uso lo que me gusta. Elijo qué quiero sentir y transmitir. Si se termina, no importa. Hay muchísimas opciones —incluso en mi catálogo— que podés usar sin culpa. Porque el perfume se hizo para usarse, no para envejecer en la repisa.
💫 Como te conté en este otro post, los perfumes no se vencen como un yogur, pero tampoco duran para siempre.
👉 ¿Los perfumes vencen? Te cuento la historia de uno que volvió del pasado
Así que la pregunta es…
¿Te perfumás? ¿O lo pensás dos veces?
Yo te digo: usalo. Hoy. Aunque estés solo. Aunque no salgas. Aunque sea martes. Porque ese sprayaso puede cambiarte el día.
Y no soy solo yo la que piensa que perfumarse tiene un impacto emocional. De hecho, hay estudios científicos que explican cómo los aromas activan zonas del cerebro vinculadas a la memoria y las emociones, y cómo su uso cotidiano puede mejorar el estado de ánimo, incluso si no hay nadie más presente. Si te interesa este tema, te recomiendo leer este artículo súper interesante publicado por el National Institutes of Health: «Scents and Sensibility: The Psychological Power of Perfume».
💬 Contame en los comentarios: ¿sos de guardarte los perfumes? ¿O los usás sin culpa?
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